El espectacular relato bíblico sobre las aguas del Mar Rojo separándose en dos bloques hace tres mil años para dejar pasar por el medio a Moisés y los suyos es bien conocido. Asombrosamente, un nuevo estudio que incluye simulaciones por ordenador y que ha sido realizado por investigadores del Centro Nacional estadounidense de Investigación Atmosférica (NCAR) en Boulder, Colorado, y la Universidad de Colorado en la misma ciudad, desvela que el portento meteorológico pudo, después de todo, ser real.
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